DE TULIPANES Y BURBUJAS

by Factor Financiero, 15 enero, 2018

Hace unos meses leí un muy interesante libro, que por su puesto recomiendo, y que se titula: “El hombre que vendió su casa por un tulipán”, escrito por Fernando Trías de Bes en 2009. En él hace un repaso histórico de las diferentes y mayores burbujas de la historia económica.

En 2009 está en plena efervescencia de la crisis inmobiliaria, el estallido de esa burbuja que comenzó en Agosto de 2007 en los Estados Unidos, y que por su puesto alcanzó a todo el mundo, aunque algunos aquí pensaban que éramos inmunes.

Lo que el autor nos viene a decir, es que todas las crisis tienen un patrón muy parecido, y que esto no es nada nuevo, pues la narración arranca de la crisis de los tulipanes, ya hace algún tiempo de esto. Lo que ocurre es que generalmente la sociedad, y en materia económica por su puesto también, tiene la memoria bastante corta, y se recuerda muy poquito de atrás. Los daños provocados por esta última burbuja, siguen muy vigentes y presentes en muchos sectores de la sociedad, pues han sido muy grandes, y sin embargo se observan ya síntomas de nuevos errores.

De las primeras cosas que nos dice el autor, es que las burbujas especulativas no son una cuestión que se ciña al ámbito económico, sino que se han de juntar más factores, como los políticos, psicológico y sociológico. Y esto es así porque verdaderamente cuando estalla, y se empieza a hablar de ella (siempre a toro pasado se ve todo muy claro), se es consciente de las cotas de irracionalidad alcanzadas durante la creación e inflado de la burbuja, y esto sólo la economía no puede explicarlo.  La economía por definición tiende al equilibrio de los factores que influyen en ella, y aun cuando estos se saltan, y se pierde la lógica, se hace dentro de ciertos límites, que de por sí mismo no dan lugar a estos fenómenos; dicho de otra manera: la economía al final siempre tiende a regularse, el mercado se acaba equilibrando, si sólo actúan las fuerzas que le son propias.

La primera de las grandes burbujas documentadas, es la de los tulipanes, 1636-1637. Durante ese siglo XVII Holanda llegó a ser una superpotencia, muy superior al resto de países de la vieja Europa, en los que el intervencionismo estatal era desmesurado y frenaba el crecimiento.

En este contexto, el tulipán que había sido introducido en Europa hacia 1550, se empezó a comercializar en los mercados, y los nobles y aristócratas los compraban para exhibirlos en sus casas, como una distinción, un símbolo de estatus. Su precio era caro porque había escasez de ellos. Lo siguiente es relativamente fácil de imaginar, y de modo muy resumido es: pronto la elevada demanda generó un mercado “alternativo” al de la venta del producto terminado, que fue la compra de los bulbos que se plantaban para la venta de la campaña siguiente.  Sobre estos establecieron por primera vez que se sepa contratos de futuros, en los cuales el primer comprador entregaba una pequeña cantidad, y se comprometía mediante contrato notarial  a que cuando se le entregara el bulbo, pagaría la restante cantidad. Como el precio final de los tulipanes subía, el primer comprador de ese contrato de futuro, hacía otro en el que un tercero le pagaba a cuenta una cantidad, lógicamente mayor que el primer desembolso del que hizo como primer comprador del bulbo;  simplemente el primero le enseñaba el contrato firmado, pero no el bulbo que seguía bajo tierra. Y así sucesivamente intervenían más personas, hasta que por fin llegaba el aristócrata y pagaba por el tulipán un precio desorbitado, cubriendo las ganancias de todos lo que habían intervenido por en medio.

Si ahora sustituimos bulbos (que son tulipanes en potencia), por viviendas en construcción de hace unos años, vemos fácilmente que la dinámica es exactamente la misma, o casi, pues en el caso de los bulbos había certificados notariales, mientras que en los “pases” de viviendas en construcción o incluso terminadas, ni si quiera eso.

Y claro, llegó el día en que la demanda de tulipanes cayó de golpe, por cuestiones varias, y entonces todos esos contratos de futuro no valen literalmente nada, pues nadie va a pagar por el producto final.

Igualmente llegó el día en que dejaron de venderse viviendas, también por cuestiones varias (una de ellas se endureció el acceso a la financiación para la compra), y mucha gente quedó con viviendas que no podían pagar, o que no podían “pasar”, o ambas cosas.

Todo lo que vino después está de más comentarlo, es archisabido.

El libro habla también del crack del 29, de la burbuja de Japón y algunas otras historias, y se hace muy conveniente su lectura, aunque la sensación personal es de no aprender, y ahora estamos viviendo algunas situaciones que, cuando menos, recuerdan mucho a los tulipanes,  como es el tema del Bitcoin.

Habrá que estar atentos a este asunto, como a otro que hace ruido pero menos, y que no es otro que la burbuja de deuda pública, porque aunque no se quiera ver, el patrón es muy, pero que muy parecido a lo descrito por Trías de Bes.

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